Ahora que por fin he acabado el guión, haré una reflexión sobre el proceso de creación que he llevado a cabo para conseguirlo.
Primero de todo, empecé pensando la historia. Pensar la historia no me costó demasiado, sabía lo que quería contar.
Lo difícil fue escribirla. Al principio tenía miedo. No sabía exactamente cómo contar lo que me pasó, cómo me sentí, por miedo a lo que los demás podrían opinar de mí.
A medida que fui escribiendo la historia, me fui soltando cada vez más y logré plasmar lo que me sucedió desde un plano objetivo y subjetivo.
Una vez mi historia fue corregida, el profesor me hizo algunas sugerencias: esta era demasiado descriptiva.
Yo me lo imaginaba, ya que todavía no me había adentrado del todo en mis sentimientos, pero esto desapareció cuando hice mi primer guión.
Mi primera versión ya tenía que seguir una estructura, así que reorganicé un poco las ideas con tal de llevar a cabo la estructura pedida. Además, teníamos que asegurarnos de que la historia se contara en primera persona, que hablara sobre mis experiencias personales, y que mostrara los dos planos del yo, el objetivo y el subjetivo.
No me costó demasiado que mi profesor me diera el OK, ya que al parecer estaba bastante bien estructurado y se ceñía a lo que se me pedía.
El guión dos me costó un poco más. Había un límite de palabras, 500, y mi guión rondaba las 1000 palabras.
La eliminación de palabras fue un proceso un poco largo, ya que al principio consideraba que todo era importante. Pedí ayuda a mi profesor, y él me dio algunos trucos para eliminar palabras, contando lo mismo.
Al final lo conseguí, y logré reducirlas.
Después de tener el OK del guión 2, pasamos a hacer un taller de evocación para así recuperar recuerdos y poder incorporarlos en la versión 3.
Nos pusimos por parejas, y tratamos de hacer preguntas sobre su historia a la otra persona. No fue una faena fácil, porque a veces no sabía bien qué preguntarle a mi pareja, pero a medida que iba lanzando preguntas, me iba dado cuenta de que no lo estaba haciendo tan mal.
Cuando me las hicieron a mi, sentí cómo me pudieron venir recuerdos a mi cabeza que ni siquiera recordaba.
Estos recuerdos los incorporé a mi nueva versión 3, y finalmente el profesor me dio el OK.
Como valoración final, estoy muy contenta de todo el proceso que he llevado a cabo.
He llevado la faena siempre al día y al parecer se han visto los resultados.
La parte que más me ha gustado ha sido el taller de evocación de ideas. Me he sentido muy bien al realizarlo, y feliz por recuperar cosas que yo no recordaba.
Lo que más me costó fue centrarme en mí misma, en mis sentimientos y emociones, y plasmarlos por escrito. Además, ceñirse al máximo de 500 palabras tampoco fue una tarea fácil.
He aprendido muchísimas cosas sobre mí, sobre mis sentimientos y sobre mis emociones en el momento en que pasó la historia. Me ha gustado mucho rememorarla, y pensar que ahora ya casi he salido de aquella situación.
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