domingo, 30 de marzo de 2014

Metacognición de la locución

Una vez elegida la música que le quería poner a mi storytelling, tocaba lo que viene a ser la parte más difícil: ponerle voz al relato.
Este apartado, debido a que se necesitaba silencio para realizarlo, lo hice por mi cuenta en mi casa.
Primero de todo, cogí el móvil e hice algunas pruebas de sonido, para ver cómo se me escuchaba.
Las primeras veces, la voz no era del todo clara, así que tuve que repetirlo unas cuantas veces hasta que finalmente se escuchaba bien.
Entonces, decidí empezar con la verdadera grabación.
Decidí fragmentar mi guión en partes más pequeñas, por si me equivocaba en la dicción de alguna palabra, grabar solo esa parte y no tener que volver a repetir la grabación entera.
Una vez hice esto, lo cual una vez llevaba dos o tres las demás me resultaron mucho más fáciles, me descargué un programa que pudiera transformar el formato a mp3, ya que el móvil tenía otro formato.
Una vez descargado el programa, transformé todas las grabaciones.
Es cierto que descargarme el programa me llevó algo de tiempo, porque mi ordenador no es precisamente un modelo muy avanzado, y va bastante lento. Fue un poco desesperante.
Por último, me descargué un programa que me permitía juntar todas las grabaciones en mp3.
Así, las junté y me quedó el audio en formato mp3.
Una vez realicé todo esto, lo compartí con mi profesor.
Él me dijo que estaba bastante bien, pero que había algo de ruido de fondo, leve, que se podría mejorar con un micrófono.
Por lo que al volumen respetaba, era correcto.
En algunos fragmentos, me dijo que se notaba algo larga la pausa, entonces me sugirió que solventara estos problemas y que volviera a hacer una nueva grabación.
Cuando volví a grabarlo, hice caso a los consejos que me dio mi profesor.
Volví a dividir mi guión en diferentes partes para grabarlo de manera fraccionada, eso sí, teniendo en cuenta que todo se encontrara en absoluto silencio.
Una vez lo hice, escuché todos los fragmentos grabados, repetí uno porque no vocalizaba bien una palabra, y finalmente junté todas las grabaciones (anteriormente, ya las había convertido en mp3). Me aseguré de que las pausas no fueran tan largas como en mi primera grabación, y una vez me aseguré, lo escuché todo seguido.
Noté un gran cambio en la grabación: mi voz era mucho más nítida, y las pausas no eran ni mucho menos tan largas como en la primera.


La verdad es que ha sido la parte más difícil hasta ahora, pero estoy satisfecha de mi trabajo. A medida que iba haciendo las grabaciones, me iba sintiendo más segura de mi misma (al principio, sobre todo, estaba muy indecisa).

A pesar de mis inseguridades, conseguí que mi grabación fuera aceptada como buena, y mi profesor me dio finalmente el OK.
En este proceso, he aprendido a manejar mejor programas de audio (los que antes he comentado) y a sobre todo darme cuenta de lo importante que es la voz en mi relato. De mi misma, he aprendido que para que te entiendan, la claridad, la precisión y la brevedad son clave.

Como valoración global, puedo decir que a pesar de que la voz haya me haya llevado su tiempo para realizarla, estoy muy satisfecha del resultado.

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